domingo, 7 de diciembre de 2014

"El maestro del prado", mi ignorante opinión

Quede claro que no soy ningún experto en literatura. Mi opinión vertida en esta entrada, corresponde únicamente a las sensaciones que suscitó en mí El maestro del prado como lector aficcionado al esoterismo, y admirador indisimulado de Javier Sierra. Viva él. Y viva yo también, ya que estamos.

El advenimiento de esta obra vino a mí como caída del cielo. Y no me refiero al hecho de que mi novia me tiró el susodicho tomo por la ventana un buen día (sí, soy friki y tengo novia, algún día publicaré un manual de cómo se hace), sino a mi reciente interés por iniciarme en el mundillo del arte. Pero siendo francos, el tema me sobrepasa. Me topé con un mundo tan vasto que no sabía por donde comenzar. El bueno de Javier acudió en mi ayuda.

¿Cómo es eso?, os preguntaréis. No veo mejor modo de explicarlo que extrayendo parte de la sinopsis del libro que nos atañe:
... Esta aventura se inicia en 1990, cuando Javier Sierra tropieza en las galerías del Museo del Prado con un misterioso personaje que se ofrece a explicarle las claves ocultas de algunas de sus obras maestras ...
Y eso eso es exactamente lo que hace, y bien. El genial autor nos guía paso a paso por algunos de los cuadros más famosos del museo madrileño, aunque como no podía ser de otra forma, mostrándonos un punto de vista distinto al convencional. Se puede estar más, o menos de acuerdo con las interpretaciones pictóricas del autor turolense, pero lo que no se puede negar es la cantidad de datos que aporta Sierra para apoyar las teorías del coprotagonista maestro. Quizás demasiados. Me considero un lector amante de la "densidad" (me encantó el Silmarillión, haceros una idea), pero tan ingente cantidad de referencias históricas y sus múltiples conexiones, lastraron -al menos en mi caso- la fluidez de la lectura.

La trama cumple bien su función. Se mantiene interesante, centrándose en el misterioso maestro del Prado y su identidad oculta, mientras cumple su verdadero cometido: guiarnos por la nueva visión artística que el autor quiere regalarnos. Me gustan los escritores valientes como Javier Sierra. Nunca ha ocultado su pasión por temas poco fáciles de abordar, y debo decir que lo hace con el escepticismo suficiente para dar verosimilitud donde sólo había enigmas inexplicables. Tarea harto difícil, y os lo dice un amante de lo profano. Es precisamente, mi predilección por lo esotérico, lo que hace de este este escritor, una de mis lecturas recurrentes. La temática de sus historias, siempre cercanas a lo trascendental, a lo universalmente humano, atrae a toda mente mínimamente curiosa.

Sin embargo, la mejor cualidad de este autor es -a mi juicio- la inmensa cantidad de buena documentación con la que fortifica sus obras. De hecho, mi propia experiencia personal lo corrobora. Me explicaré. Los hechos narrados en El ángel perdido, una de sus novelas anteriores, transcurren en gran parte en mi tierra norteña, muy cerquita de la mazmorra que suelo habitar. Puedo afirmar y afirmo, la exactitud descriptiva de sus localizaciones (mi amada Santiago de Compostela y Noia, entre otras). Javier me enseñó a ver con otros ojos las bondades de mi región y despertó en mí el afán de investigador que me domina hoy por hoy, de verdad, gracias. Es sabida por todos, la tendencia nacional al desprecio de lo propio en detrimento de lo extranjero, siempre mejor que lo nuestro. Un error que cometí, lo admito, pero en el que no volveré a caer.

Concluyo (el almuerzo está listo, y ai de mí, si hago esperar a mi madre...). Sin ser, ni mucho menos, su mejor novela, El maestro del Prado logra una vez más avivar mi afán por aprender, por descubrir. No puedo esperar. Necesito contemplar por mi mismo el famoso museo en el que se centra la historia, y desengranar sus cuadros a través de mis nuevos anteojos, cortesía del señor Sierra.

Otras opiniones de interés:
 - La libería de Javier
 - Cuaderno gran jefe