domingo, 8 de febrero de 2015

Fotografía friki: Porque me gusta lo uno y lo otro II

La comunidad del anillo


Tras un primer post con una serie de fotografías de nuestra temática predilecta, os traigo hoy una segunda parte, con un puñado de fotillos más. En esta ocasión no sólo son de mi propia autoría, sino también de mis buenos amigos McKeijan y Baturix.

Espero que evoquen en vosotros, la imaginativa fantasía que despertaron en mí. Porque eso es lo que un verdadero friki debe hacer, soñar con mundos imposibles e increíbles para hacerlos realidad en su mente... o quizás... quién sabe... ;)

lunes, 19 de enero de 2015

Microrrelato: "Magnicidio"



Magnicidio

Allí estaba mi objetivo, a dos pasos de mí, rodeado por su escolta de elegante etiqueta negra. Lo sentía por él, pero no tenía elección. Yo sólo era un títere sin autoridad, un peón entre gigantes, que debía obedecer. Pude sentir la fría mano de mi amo, empujándome entre su guardia. Asesté un golpe seco, implacable, mortal. El soberano cayó muerto a mis pies, ante la pasividad de su séquito. Nadie hizo nada por él, probablemente les había librado de un mal rey. Escuché la voz de mi amo clamando desde lo alto… <<¡Las negras pierden!, Jaque mate>>.
                                                                                                                         FIN




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El microrrelato "Magnicidio" por Óscar Gende Villar, así como todo el contenido de este post, se encuentra bajo una Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-SinDerivadas 3.0 Unported. 

martes, 16 de diciembre de 2014

Cadena de Microrrelatos, semana XI


La colección de microcuentos comienza a ser importante :). La frase impuesta para el inicio de la narración era: "El mensaje era claro, conciso, breve y letal: no insistas, decía.". Mi propuesta de esta semana:

La Cosa Nostra


El mensaje era claro, conciso, breve y letal: no insistas, decía. La escueta nota en mi bolsillo me había avisado, pero un buen periodista entrometido, no suelta a su presa. Podría haber sido peor, al menos estoy vivo. Aquellos mojigatos ensombrerados, de educación y etiqueta exquisitas, no tenían agallas para liquidarme. Pero aislándome no lograrían que cerrara el pico, ya lo creo que no. De hecho, mi nueva vivienda es acogedora como pocas, y tranquila como ninguna. Qué indulgentes han sido. Pardillos… Si bien, tanta gentileza podría haber venido acompañada de un teléfono móvil. Me sería de gran ayuda, llamar a alguien que me sacara de este ataúd bajo tierra.

                                                                                                     FIN


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martes, 9 de diciembre de 2014

Cadena de microrrelatos, semana X


 Un microrrelato más para la colección. La frase de partida para dar rienda suelta a nuestra creatividad era: "Había escrito cien veces: te quiero". E ahí mi propuesta:

Romántico a la fuerza

Había escrito cien veces: te quiero. Demasiadas. Ya estaba harto de crear, por la fuerza, relatos de amor ñoño. Historias sin interés en las que no hay un mundo por salvar, ni misteriosos asesinatos por resolver, ni explosiones. ¡Ni siquiera explosiones!.
Tenía que poner fin a aquella dictadura sensiblera. Me quitaría mi propia vida, pues era preferible a seguir tiranizado por tan romántica mano. Al menos, haría de mi suicidio un cuento interesante.
Del único modo que sabía, rodando, me arrojé a mi trágico final, sin percatarme, estúpido de mí, de que no existe mesa lo suficientemente alta cómo para matar a un lápiz.

                                                                                                     FIN


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domingo, 7 de diciembre de 2014

"El maestro del prado", mi ignorante opinión

Quede claro que no soy ningún experto en literatura. Mi opinión vertida en esta entrada, corresponde únicamente a las sensaciones que suscitó en mí El maestro del prado como lector aficcionado al esoterismo, y admirador indisimulado de Javier Sierra. Viva él. Y viva yo también, ya que estamos.

El advenimiento de esta obra vino a mí como caída del cielo. Y no me refiero al hecho de que mi novia me tiró el susodicho tomo por la ventana un buen día (sí, soy friki y tengo novia, algún día publicaré un manual de cómo se hace), sino a mi reciente interés por iniciarme en el mundillo del arte. Pero siendo francos, el tema me sobrepasa. Me topé con un mundo tan vasto que no sabía por donde comenzar. El bueno de Javier acudió en mi ayuda.

¿Cómo es eso?, os preguntaréis. No veo mejor modo de explicarlo que extrayendo parte de la sinopsis del libro que nos atañe:
... Esta aventura se inicia en 1990, cuando Javier Sierra tropieza en las galerías del Museo del Prado con un misterioso personaje que se ofrece a explicarle las claves ocultas de algunas de sus obras maestras ...
Y eso eso es exactamente lo que hace, y bien. El genial autor nos guía paso a paso por algunos de los cuadros más famosos del museo madrileño, aunque como no podía ser de otra forma, mostrándonos un punto de vista distinto al convencional. Se puede estar más, o menos de acuerdo con las interpretaciones pictóricas del autor turolense, pero lo que no se puede negar es la cantidad de datos que aporta Sierra para apoyar las teorías del coprotagonista maestro. Quizás demasiados. Me considero un lector amante de la "densidad" (me encantó el Silmarillión, haceros una idea), pero tan ingente cantidad de referencias históricas y sus múltiples conexiones, lastraron -al menos en mi caso- la fluidez de la lectura.

La trama cumple bien su función. Se mantiene interesante, centrándose en el misterioso maestro del Prado y su identidad oculta, mientras cumple su verdadero cometido: guiarnos por la nueva visión artística que el autor quiere regalarnos. Me gustan los escritores valientes como Javier Sierra. Nunca ha ocultado su pasión por temas poco fáciles de abordar, y debo decir que lo hace con el escepticismo suficiente para dar verosimilitud donde sólo había enigmas inexplicables. Tarea harto difícil, y os lo dice un amante de lo profano. Es precisamente, mi predilección por lo esotérico, lo que hace de este este escritor, una de mis lecturas recurrentes. La temática de sus historias, siempre cercanas a lo trascendental, a lo universalmente humano, atrae a toda mente mínimamente curiosa.

Sin embargo, la mejor cualidad de este autor es -a mi juicio- la inmensa cantidad de buena documentación con la que fortifica sus obras. De hecho, mi propia experiencia personal lo corrobora. Me explicaré. Los hechos narrados en El ángel perdido, una de sus novelas anteriores, transcurren en gran parte en mi tierra norteña, muy cerquita de la mazmorra que suelo habitar. Puedo afirmar y afirmo, la exactitud descriptiva de sus localizaciones (mi amada Santiago de Compostela y Noia, entre otras). Javier me enseñó a ver con otros ojos las bondades de mi región y despertó en mí el afán de investigador que me domina hoy por hoy, de verdad, gracias. Es sabida por todos, la tendencia nacional al desprecio de lo propio en detrimento de lo extranjero, siempre mejor que lo nuestro. Un error que cometí, lo admito, pero en el que no volveré a caer.

Concluyo (el almuerzo está listo, y ai de mí, si hago esperar a mi madre...). Sin ser, ni mucho menos, su mejor novela, El maestro del Prado logra una vez más avivar mi afán por aprender, por descubrir. No puedo esperar. Necesito contemplar por mi mismo el famoso museo en el que se centra la historia, y desengranar sus cuadros a través de mis nuevos anteojos, cortesía del señor Sierra.

Otras opiniones de interés:
 - La libería de Javier
 - Cuaderno gran jefe