martes, 7 de octubre de 2014

Cadena de microrrelatos, semana IV



Una semana más de concurso. Mis agradecimientos a Escuela de escritores y a Cadena SER por la iniciativa. Me lo estoy pasando francamente bien con cada reto semanal, aún cayendo en saco roto ;)


Soledad


Hoy parece que ella tiene la voz todavía más dulce que ayer. Adoro escucharla día tras día, saber que está a mi lado. Durante mucho tiempo, caminé sin rumbo, desorientado, al borde mismo de la locura. Pero ya no, ahora sé cuál es mi sitio en este vasto mundo, pues Soledad guía mi vida. La miro. Un sentimiento de ternura me invade, mientras las yemas de mis dedos la tocan cuidadosamente. Por favor, querida mía, háblame, reconfórtame con tu preciosa voz... << A-cien-metros, gire a la derecha >>. Oh Soledad… nunca te abandonaré.

FIN



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lunes, 22 de septiembre de 2014

Cadena de microrrelatos, semana III


Tercera semana de concurso. Tras mi primera derrota en batalla, decidí volver a intentarlo. La guerra es larga...

La frase de inicio, extraída del relato ganador de la semana anterior era: "Deberías airearte un poco". Esta fue mi propuesta:



El pájaro sin alas

<<Deberías airearte un poco>>, el doctor se compadece de mí. Inútil. Aunque quizás tenga razón. Sí, la tiene. El aire acallará mis problemas, el mundo enmudecerá. ¿Qué puedo hacer yo?. Nada. Mi pequeño jamás regresará del limbo en el que duerme día tras día. Sueña con los pájaros, postrado en su camilla blanca. <<¿Puede un hombre volar?>>, solía preguntarme él. Niños... fantasean con lo hermoso e imposible ¿verdad?. Me llama. El viento sopla mi nombre en lo alto del edificio. Miro abajo, las calles siguen encauzando vida, lejana, pero cada vez más cerca, mientras la brisa acaricia tiernamente mi rostro... ¿puede un hombre volar?

FIN



Debo confesaros que mis expectativas para alcanzar al menos la ronda final eran elevadas. Visto el resultado... he de suponer que me devora por dentro la más negra de las soberbias.





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Cadena de microrrelatos, semana II



Hace cosa de tres semanas, la Cadena SER en colaboración con Escuela de escritores abrían paso a la VIII Edición de Relatos en Cadena.

El reto, contar tu propia historia en no más de cien palabras, usando como frase inicial la última que cierra el relato ganador de la semana anterior.

Me pareció interesante probar la experiencia, así que me decidí a participar. Por cuestiones de tiempo, no he podido entrar en la primera ronda, pero sí en la semana dos.

La frase con la que debía empezar era "Como un bigote a lo antiguo debajo de la nariz". Mi mente enferma se puso manos a la obra. Esta fue mi propuesta para el concurso:


Mañana

Como un bigote a lo antiguo, debajo de la nariz y asida al labio, aquella madera travesera permaneció unida a la boca del muchacho, aún el día de su muerte, bajo la sombra de un roble.
Arusa le había obsequiado, con gran sacrificio para tan paupérrimo bolsillo, aquella flauta de la que tan encaprichado estaba. Ella anhelaba de corazón, escucharlo. Ser besada por su música. Sentir su cariño.
- Mañana…- decía él un día tras otro.
La muerte se la llevó sin avisar. Jamás pudo escucharlo. Él, afligido, lloró y tocó para ella, durante días, sin sosiego, al pie de su tumba, bajo la triste sombra de un roble marchito.

FIN



Para mi desgracia, no he resultado elegido como uno de los tres finalistas, ni mucho menos ganador. Los afortunados podéis verlos aquí, en el apartado, Semana 2.


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domingo, 19 de enero de 2014

Broken Sword V: The Serpent's curse I
Una opinión muy personal



George Stobbart está de vuelta compañeros. Ya en posts anteriores realicé una humilde apología del advenimiento de este quinto y esperadísimo "profeta", y que finalmente fue lanzado hace poco más de un mes.

El vergonzoso hecho de publicar este dictamen baladí cuarenta y siete días después de su lanzamiento es una mera cuestión de tiempo personal, y no debido, por desgracia para todos y como explicaré en sucesivas líneas, a la duración de la propia aventura.

Para aquellos que conserváis en vuestras memorias el melancólico recuerdo otoñal del primer título de la saga (y a mi juicio el mejor), su quinta parte no podría comenzar mejor. Unos evocadores y familiares acordes acompañando presidencialmente al emblemático logo de Revolution Software, os harán levitar en vuestros asientos ante el simple recuerdo de aquellos viejos tiempos. Pero por pura desventura, tan solo para dar paso a una pobre introducción (técnicamente hablando), induciendo un brusco retorno a tierra de vuestros intrépidos traseros voladores. El video en cuestión parece haber sido construido con el propio motor gráfico del juego, y este se ha mostrado ciertamente insuficiente para que los actores (modelados en 3D), se fusionen adecuadamente con el escenario bidimensional. Tal aparente falta de mimo, hizo temerme lo peor para lo que se avecinaba. Quizás mi ansia y expectación por el retorno de la espada rota, haya resultado en una exigencia irracional en el apartado visual, que nunca he considerado demasiado importante, pero esta ha sido mi sensación inicial, y así he de contarlo.

Por fortuna, mi descontento se disipó en el preciso momento que, ratón mediante, "encarné" una vez más al siempre joven George Stobbart. El motor gráfico se comporta más que bien en tiempo de juego, para lo que sí ha sido diseñado. Un aspecto visual sólido, atractivo y en conjunto muy bien integrado, volatilizó mis miedos, mientras clickaba a discreción más feliz que Isidoro en una pescadería, inmerso en una historia de la que ya quería saber más. El prólogo sí cumplía pues, su cometido principal: enganchar. 

Respecto al apartado sonoro, como ya he dejado entrever una decena de líneas más arriba, el equipo de Revolution Software emula sin fingimiento (bajo mi punto de vista, con gran acierto) al inefable Broken Sword I, y no exclusivamente en su música ambiental. ¿Quién no recuerda aquella alegórica melodía, augurio de algún intrincado puzzle al fin resuelto?. El doblaje raya el sobresaliente, aunque si bien las fabulosas interpretaciones de los actores que ponen voz y vida al carismático conglomerado de personajes alcanza lo excepcional, no sucede así para la deficiente sincronización labial, que deja una pequeña muesca en la calidad del conjunto.

Huelga decir que, el grupo comandado por Cecil siempre ha sabido desmenuzar con maestría cualesquiera que sean las historias que guían a sus aventuras gráficas. The Serpent's Curse no es una excepción, y el desarrollo de su trama bien hilada no sufre altibajos, manteniendo el interés del jugador constante, aunque a muy a costa quizás, de una exagerada sencillez en los retos que se nos plantean (y alguno metido a calzador, para muestra véase puzzle de los mentos con cola).

Podría ser que, debido a la mencionada falta de desafío para el aventurero, la relativa rapidez con la que se avanza, acorte un juego ya de por si, breve. Cierto es que, por decisión de última hora, se ha dividido en dos partes, pero el equipo de Broken Sword 5: La maldición de la serpiente aseguraba previo lanzamiento (en uno de esos mails que periódicamente recibíamos los "backers" de Kickstarter) lo siguiente:
                  "each episode is a full sized game in its own right"     
Bien, o eso pensé al menos la primera vez que lo leí, y además, me lo creí. Os escribe un gamer paciente, de esos que se toma su tiempo antes de avanzar, que explora cada rincón y opción a conciencia, sin más prisa de la necesaria. Ocho horas y cinco minutos (pausas para largas visitas al "trono de la Roca" incluidas) es el tiempo exacto que se ha contabilizado en mi partida. ¿Es esta la duración de un "juego de tamaño completo por derecho propio"?. Supongo que es una cuestión muy subjetiva, y para unos más que para otros ;). 

Verdaderamente, la trama es interesante, aunque no lo suficientemente profunda. Me explico. Todo fan de la saga que se precie, ha disfrutado en todos y cada uno de los episodios de la serie, de esa magia singular que rodea al esoterismo histórico que impregna íntegramente las aventuras de George Stobbart. En esta quinta parte se intuye esa herencia, y he ahí el problema. Tan solo se intuye. El deshilachamiento de ese nudo de enigmas nunca se produce, provocando que el guión se reduzca a una larga introducción sobre un curioso asesinato por causa de un misterioso cuadro catalán: La maledicció (del cual he investigado, y nada he encontrado, ¿ha sido creado para lo ocasión?, ¿se ha perdido esa base histórica real que apoyaba a la saga?).

No añadiré más. Quizá mi opinión os resulte crítica en demasía, sospechando un pérfido descontento por mi parte con la obra que nos ocupa, pero nada más lejos. No podría afirmar sin caer en la mentira, que el juego no me haya gustado. En general, atesora una muy buena calidad, y lo he disfrutado, mucho, pero con pequeñas decepciones, que se han visto magnificadas por las expectativas desmesuradas quizá poco razonables de este ávido explorador, ansioso por el retorno de La espada...   

domingo, 8 de diciembre de 2013

Todo friki debería leer... "Una princesa de Marte"

<<A princess of Mars>>, rubricada por el genial Edgar Rice Burroughs (Tarzán) ha sido trasladada recientemente a la gran pantalla de la mano de Disney bajo el sobrenombre <<John Carter>>. 

 


He de confesaros algo. Jamás mentiría a mi horda de seguidores imaginarios, así como tampoco a mi único lector no ficticio, el robot de Google, he dicho. Confieso, confieso mi culpabilidad. 

Sí, culpable del recientísimo descubrimiento de la gran saga que capitula mi entrada, culpable de disfrutar como un enano su criticada adaptación cinematográfica no sabiendo en qué gran obra se basaba; culpable de acusar a dicho film de poco original, de utilizar tópicos y clichés del cine de ciencia ficción actual en su favor, para descubrir unas semanas después que no existe imitación alguna. Está todo ahí, en ese pequeño gran relato escrito en ¡1912! por el creador de Tarzán. ¿Quién plagia a quién?

Una princesa de Marte no parece haber sido escrita un siglo atrás. Quizás el modo de expresarse de sus personajes denote cierto "clasicismo", pero su antigüedad acaba ahí. Parece que ha sido ayer mismo, cuando Burroughs ha concebido ese universo de ficción creíble, genial y hasta el día de hoy, atemporal. Tal vez existan más obras "sci-fi" coetáneas a las aventuras del capitán John Carter encarriladas en pautas similares. Es por mi ignorancia de las mismas que no puedo asegurar que la novela que nos ocupa haya asentado en exclusiva las bases de escritos ficticios futuros (y sus correspondientes versiones audiovisuales), pero sí puedo afirmar al ávido lector, que el autor estadounidense introduce entre sus ensoñadoras líneas, elementos y recursos que hoy en día se utilizan día sí, y día también, y que estoy seguro, despertaron cierta revolución ideológica en la época que lo vio nacer. 

No debemos olvidar que 101 años han transcurrido desde su primera publicación en la revista pulp All-Story Magazine, obligándonos además a mantener presente que el apogeo de la ciencia-ficción literaria no llegará hasta la década de los 30, auspiciada por tan prolíficos autores como Isaac Asimov o Arthur C.Clarke. Os preguntaréis cuáles son los ingredientes de ese caldo tan adelantado a su época. Zambullámonos pues, entre las líneas de este clásico cuento de princesas. [Spoilers, tan sólo del comienzo].

La obra, es presentada en un prólogo protagonizado por el propio autor Edgar Rice Burroughs, como el diario personal y real escrito por John Carter, el admiradísimo y enigmático tío del genial escritor. Es John Carter quién, tras su "muerte", deja en legado las misteriosas páginas a su sobrino Edgar, y este, decide publicarlas años después, para el disfrute de todos nosotros. 

Tras esta magistral dosis de realidad incrustada en nuestro cerebro, el literato estadounidense nos mete de lleno en las páginas de las susodichas memorias encomendadas a su persona. Estas crónicas nos cuentan la gran aventura del archimencionado John Carter, 35 años, ex soldado norteamericano, alto e increíblemente robusto (cómo no). El protagonista, se halla explorando las desérticas colinas de la Arizona de finales del siglo XIX, embaucado en la difícil búsqueda de fortuna aurífera entre las rocas, ejemplificando esa tópica (a día de hoy) fiebre del oro, asociada sin remedio al clásico "western" americano. Huyendo de unos bandidos se ocultará en una gruta, hecho que provoca el grueso de la historia. Tras caer paralizado en un profundo sopor entre las irregulares paredes de su escondrijo, su cuerpo reaparece inexplicablemente en Marte. 
El planeta rojo de cien años atrás que se describe en la novela, no era tal y como lo conocemos hoy en día. Aunque está muriendo, todavía hay vida en él. Variedad de civilizaciones (abarcando varias subrazas humanas, o al menos en apariencia), mares secándose bajo una desprotegida atmósfera que se mantiene a duras penas respirable mediante increíbles prodigios tecnológicos, así como una detallada flora y fauna, colman de vida a la madre Marte.

El honorable y valiente John Carter no tardará en descubrir tras su inesperado "aterrizaje", cómo las condiciones atmosféricas y gravitatorias del rocoso dios de la guerra, sumadas a su densa estructura muscular y ósea, lo convierten en poco menos que un superhombre. Saltos y fuerza sobrehumanos apoyarán su ya inusitada habilidad de combate, para erigirlo gloriosamente entre los grandes guerreros marcianos. 

El imaginario de Burroughs no termina ahí. Ingenioso elenco tecnológico mediante, el visionario novelista concibe un originalísimo universo literario. Flotas de naves aéreas alimentadas por una energía inconcebible en forma y color para el hombre terráqueo, comunicación telepática entre especies, incluso para el manejo de poderosas monturas (¿habéis visto Avatar?), y todo ello aderezado con un creíble trasfondo religioso, histórico, político y geográfico.

El estilo literario de la obra es exquisito. A aquel admirador de Conan el bárbaro que considere en dar el salto que lo separa del gran astro rojo, le diré: Sabed... oh príncipe, de la gran similitud prosaica de Una princesa de Marte con respecto al trabajo del inmortal Robert E.Howard. Diálogos elegantes y de clásica grandilocuencia; majestuosas descripciones de parajes y actores, focalizadas en lo fundamental, sin perder al lector en fútiles detalles que lo desenganchen de la trama principal, orquestado con un sentido del ritmo sin pausa ni descanso. He disfrutado una vez más, tras mucho tiempo, de una novela con verdadero "gancho", ávido por descubrir sus entresijos más inmediatos. ¿He logrado convenceros a vosotros?